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lunes, 22 de mayo de 2017

Naturalistas de ficción. Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista (I) La historia natural del Dr Stephen Maturin (primera parte)


Paul Bettany como Charles Darwin en la película Creation, de Jon Amiel

Paul Bettany como Max Waters en "Trascendence"


Paul Bettany como Visión
Pau Bettany como Charles Herman en "Una mente Maravillosa

En este artículo reflexionaremos de nuevo sobre los rasgos típicos o tópicos de los naturalistas de ficción y su conexión con la percepción social de los naturalistas y científicos célebres en la vida real. Asimismo repasaremos esta cuestión en relación al encasillamiento de los actores de cine en determinados papeles y cómo dicha circunstancia afecta también al encasillamiento de lo que se supone caracteriza a estos personajes y los actores que los interpretan. Si Darwin es el naturalista decimonónico por antonomasia, Stephen Maturin, entre tantos otros, constituiría un modélico naturalista de ficción. La sombra de ambos pesaría sobre cualquier otra propuesta de científico de ficción, y no es casual que abramos el artículo con una imagen de Paul Bettany interpretando a Darwin, dado que no creemos del todo casual que haya interpretado a Stephen Maturin o a otros científicos ficticios como el (ficticio) colega de John Forbes Nash, Charles Herman, en "Una mente maravillosa", o a Max Waters en "Trascendence" como científicopreocupado por los límites éticos de su compañero Will Caster interpretado por Johnny Depp, y que también pone voz al ordenador central creado por Tony Stark en las sagas superheróicas de Marvel, que se acabará materializando en La Visión, un personaje que podríamos enlazar con el Hal de 2001, con el Spock de Star Treck e incluso con el Dr Manhattan de "Watchmen".
Una vez anticipados los contenidos a los que intentaremos dar cabida en las sucesivas entregas de este artículo, intentaremos introducirlo poniendo en contexto las principales cuestiones a las que intentaremos dar cabida en dichas entregas:

Charles Darwin y Stephen Maturin como estereotipos del naturalista


Paul Bettany como Stephen Maturin en Master and Commander
Abordamos hoy, como habíamos hecho tímidamente en alguna otra ocasión, ciertas cuestiones acerca de la imagen del naturalista, y, tal y como haría un naturalista, intentaremos establecer si todos ellos pertenecen o no a la misma especie, por así decirlo, o si el ideal del estudioso de las ciencias naturales se diferencia mucho del ciudadano medio o por el contrario representa precisamente la opinión que a éste le merece el interés por las demás especies animales. La verdad es que habíamos planteado dichas cuestiones al referirnos a las relaciones entre arte y ciencia, o a los terrenos compartidos por artistas y científcos, aunque tal vez deberíamos hablar de la imagen que la sociedad tiene de unos y otros a lo largo de la Historia.

Interesante se presenta el repaso a doctores de ficción literaria a cargo de Borys Surawicz y Beverly Jacobson en su libro "Doctors in fiction" aunque echo en falta la mención específica al Dr Watson de las historias de Sherlock Holmes creadas por Arthur Conan Doyle, autor destacable en los trasuntos expuestos por ser médico, al fin y al cabo, y responsable, gracias a sus exitosas narraciones detectivescas, de la introducción de los métodos científicos en la investigación policial, por no mencionar su notable recopilación de exquisitos relatos de médicos compilados en "La lámpara roja". La sombra de Conan Doyle es muy alargada, desde el momento en que, aunque por tradición familiar  estaba destinado a las bellas artes, sorprendió a todos eligiendo la carrera de Medicina, que ejerció casi quince años en hospitales, barcos balleneros y consultas privadas. Y como creador literario y pionero de la ciencia-ficción es responsable de "El Mundo Perdido" con un emblemático y significativo profesor Challenger. Además, Holmes y Watson constituyen, en la misma tradición iniciada por Cervantes con Quijote y Sancho, un modelo de pareja protagonista antagónica y complementaria, formada por un individuo temperamental, instintivo, humano y terrenal -Sancho, Watson, Aubrey, Kirk, Wilson, Hofstadter...- y otro carismático, extremadamente racional, científico, y a menudo socialmente problemático -Quijote, Holmes, Spock, House, Cooper...-.
Los médicos de los siglos XVIII y XIX entraban en la categoría de naturalistas dado que precisamente sus conocimientos generales en disciplinas hoy en día bien diferenciadas como la botánica, la farmacopea o la zoología, especialmente la anatomía comparada, constituían parte de la formación que los elevaba por encima de los simples cirujanos, físicos y barberos dentistas. 
El saber enciclopedista de la época de la ilustración dio lugar al establecimiento de una figura de clase bienestante obligada a contrarrestar su ociosidad con estudios, lecturas, coleccionismo, actividades cinegéticas, viajes, descubrimientos...
El entusiasmo suscitado por el ansia clasificatoria implícita en el sistema de Linné llevó a muchos aristócratas y universitarios a observar (y anotar, a menudo mediante representaciones gráficas y dibujos del natural) detenidamente los rasgos distintivos de los ejemplares zoológicos y botánicos que encontraban, estudiaban o coleccionaban. 
Asimismo dedicaban tiempo y esfuerzos en el aprendizaje de las lenguas y obras literarias clásicas, griegas y latinas principalmente, mediante las cuales establecer un soporte único y coherente para las nomenclaturas empleadas e incluso para observaciones y juicios de valor ya establecidos por los autores clásicos. Los que quieran situarse mejor histórica y argumentalmente (nos referimos a argumentos científicos novedosos) en esta interesante época que dará como resultado a la moderna Biología pueden echar un vistazo a nuestra página dedicada a naturalistas ejemplares, o nuestra bibliografía naturalista ilustrada comentada (os ofrecemos también una selección de imágenes de las obras ilustrada de Alfred Russel Wallace con enlaces a la maravillosa web sobre la obra del emblemático naturalista (lo mejor de este sitio en línea es su pionera publicación de las imágenes de los especímenes descritos por el auténtico padre del evolucionismo mediante ilustraciones originales).

Nos ha gustado especialmente el delicioso artículo de Wanda Finch, una guía voluntaria del American Museum of Natural History en el que reseña, comenta y enlaza mediante un listado las principales especies animales estudiadas por Stephen Maturin en las sagas literarias de Patrick O'Brien. Como podréis comprobar, se ha procurado un espacio de honor en la web más completa sobre la saga literaria de Patrick O'Brian, GUNROOM@HMSSURPRISE.ORG., algo así como "La santabárbara de la Surprise".
Procedo a traducir, comentar y completar en la medida de lo posible el encomiable trabajo de Finch, consistente en aportar un interesante cariz temático a las visitas guiadas del museo, en cuyo caso ha escogido ofrecer un recorrido ilustrativo por los referntes naturalistas més llamativos de los viajes del capitán Aubrey y su fiel compañero el Dr. Maturin:


Historia Natural del Dr. Maturin
Ante todo déjenme presentarme y darles la bienvenida a este tour web en el Museo Americano de Historia Natural. Mi nombre es Wanda Finch y soy una de los guías turísticos voluntarios en el museo.  
Como recompensa por los tours regulares de los aspectos más destacables del museo, se les permite a los guías dar tours centrados en nuestros propios intereses especiales.  
Este tour es sobre la historia natural en las historias marítimas de Patrick O'Brian. (Mientras viajas por el museo conmigo, si sostienes el cursor del ratón sobre una foto, verás su leyenda, y también puedes hacer clic en algunas imágenes para agrandarlas). 
Como posiblemente ya sepan, esas historias se refieren a las aventuras del capitán Jack Aubrey, un oficial de la Armada británica y su amigo particular, el doctor Stephen Maturin, durante la primera parte del siglo XIX.  
Además de ser médico, el Dr. Maturin es también un naturalista aficionado. Éste era un interés de comúnmente compartido durante el período. En 1759, Carl von Linne (Carolus Linnaeus) publicó su plan para la clasificación de toda la vida en el planeta. Propuso un nombre latino de dos palabras y una clasificación en reinos, phyla, etc. La comunidad científica pronto tomó su sistema, y ​​se inició el gran esfuerzo de intentar identificar, describir, y clasificar todas las formas de vida en el planeta. Esto supone una tarea inmensa. De hecho no se ha conseguido todavía. 
En aquel tiempo había pocos naturalistas profesionales, al menos en el sentido de ganarse la vida de con la ciencia: Linneo era un profesor de medicina; El gran Georges Cuvier era el director de museos en Francia. Algunos hombres de medios privados también dedicaron sus vidas a la ciencia: Sir Joseph Banks, Alexander von Humboldt... En un esfuerzo por entender el mundo natural, toda la ayuda era bienvenida. Muchos miembros de profesiones eruditas (clérigos, abogados y médicos) como el doctor Maturin, por su formación intelectual y conocimiento del latín, pudieron unirse a esta gran aventura de hacer lo que en realidad era una base de datos de la vida. A medida que nos ponemos en marcha, debo hacerles saber que en un esfuerzo por incluir tanto como sea posible no estaré manteniendo el orden cronológico de los libros. También haré un esfuerzo para no incluir ningún elemento de la trama. Por lo tanto, es en la sección Pájaros Del Mundo donde iniciamos el recorrido, comenzando por la abubilla. Vengan, entonces, no tenemos un momento que perder. Si, en lugar de un tour, simplemente desea visitar exposiciones individuales, use los siguientes enlaces:

    
La abubilla: 

En Master and Commander (Capitán de mar y guerra), el Capitán y el Doctor se reúnen por primera vez en una tarde de concierto en Puerto Mahón, en Menorca. Esto introduce el tema de la música en la serie. Al día siguiente se reúnen por casualidad en la calle, y durante el transcurso de esa extensa conversación, el Doctor ve una abubilla (Upupa epops longitud promedio 10-12 pulgadas). Esto introduce el tema de la historia natural en las historias. Aquí está, como lo describió el Doctor: "Un hermoso pájaro de color canela con alas barradas". Es interesante que el Doctor no lo hubiera visto antes, ya que su rango se extendió hasta Inglaterra durante el siglo XVIII. En la actualidad hay dos grupos de cría de hoopoes (abubillas), uno alrededor del Mediterráneo y en Asia, y otro en África al sur del desierto del Sahara. En ambos lugares las abubillas comen insectos y otros invertebrados. Se aparean de por vida, y viajan en parejas haciendo sus nidos muy cerca de la tierra en árboles huecos, u otros recintos preparados. También son una de las pocas aves que no mantienen su nido libre de excrementos, posiblemente como un elemento disuasorio para los depredadores. El ejemplar en exhibición tiene su cresta erguida, ya sea para amenaza o exhibición, pero estaría plegada durante el vuelo. Por otra parte, las plumas barradas (alternando blanco y negro) en el ala serían claramente visibles con las alas extendidas en vuelo.Una vez que el Doctor se unió al Capitán, tuvo muchas oportunidades de ver aves aún más sorprendentes.

Desde luego no está mal la sencilla y certera introducción de Wanda Finch a ese primer animal comentado por Stephen Maturin, dado que, como apunta, supone el arranque de los frecuentes apuntes naturalistas de la saga literaria por parte del doctor, que aunque a menudo no consiguen captar toda la atención del capitán Aubrey sí que consiguen su típico comentario "Ojalá que Stephen estuviera aquí" cada vez que observa llamativas especies zoológicas en su ausencia.
Me parece acertada la sorpresa de Finch ante el hecho de que Maturin reconozca no haber visto nunca anteriormente al animal directamente, pero no tanto por el hecho de que su presencia primaveral en Inglaterra estuviera bien documentada en el siglo XVIII (entiéndase que no es que Maturin no conozca el ave, que reconoce e identifica fácilmente por su presencia frecuente en obras ilustradas de zoología y ornitología) sino porque el personaje se ha criado en Cataluña, y la presencia de estas aves en la península ibérica era bien conocida. De hecho, se trata de una de las aves migratorias más llamativas por su plumaje ostentoso y de vivos colores, por no hablar de su conspicuo penacho de plumas retráctiles. La fauna europea se caracteriza por las coloraciones discretas, camufladas con el paisaje, dominadas por los tonos grises y parduzcos, por lo que el exotismo de las aves de climas cálidos reproducidas con deleite en los libros ilustrados y en las colecciones zoológicas forma parte importante de un sugestivo imaginario causante de la temprana afición de todo zoológo en ciernes.
Por mi parte añadiría que la abubilla forma parte del paisaje de mi Galicia natal, pero por alguna desdichada razón hace muchos años que no veo a esta llamativa criatura, ni allí ni en Cataluña, donde llevo viviendo más de la mitad de mi vida. De hecho, el catalanismo de Maturin, y su declarado independentismo, me provocan una inevitable simpatía por el doctor, de ancestros irlandeses e inevitablemente políglota. De alguna manera, para un gallego catalán, un irlandés catalán sugiere no pocas coincidencias. Sea como fuere, tanto el sur de Galicia como toda Cataluña son señalados como biotopos habituales de la abubilla durante la primavera y el verano, cuya presencia colorida es sintomática de las estaciones cálidas del mismo modo que las fresas, las cerezas o las flores estacionales, tanto por su llamativo color como por su reconocible olor, particularmente fuerte y objeto de comentarios populares por las gentes del campo durante mi infancia. Como vemos, se trata de un efecto de su particular concepto de la higiene, un tanto extremo, que renuncia a la eliminación de excrementos del nido. 
Si lo más colorido que uno podía observar en los paisajes de mi niñez era algún que otro petirrojo o algún verderol, (al menos en el Mediterráneo a los pajarillos grises y blanquinegros se sumaban los coloridos jilgueros o caderneras), de vez en cuando uno podía disfrutar de la presencia de un martín pescador, o de un abejaruco, tal vez de una carraca, todos ellos poseedores de fragmentos de llamativo azul contrastado con anaranjados y pautas blanquinegras. Y es que todos ellos son coraciformes, y por tanto están emparentados, aunque la familia upupidae de las abubillas es considerada un orden propio por algunos autores. Estos llamativos colores los convierten en llamativamente identificables no sólo en los espacios naturales o en los aviarios, sino muy particularmente en las páginas ilustradas de los libros de ornitología o en las colecciones de cromos.
 
    
El cóndor

En The Wine Dark Sea (Un mar oscuro como el oporto), el doctor está viajando a través de la cordillera de los Andes y ve varios cóndores (Vultur gryphus). Son el pájaro volador más grande de América del Sur y el segundo en tamaño de ala sólo superado por el Albatros Real y el Albatros Errante en el mundo. Los albatros pueden alcanzar una envergadura de 3'4 metros de ala, mientras que los cóndores tienen un máximo de 3'3. El médico puede deducir fácilmente que son carroñeros: la cabeza desnuda para alimentarse dentro de las canales podridas sin ensuciar sus plumas. El pico fuerte y ganchudo para rasgar a través de pieles gruesas, el vuelo de planeo utilizado para localizar carroña. Además, los cóndores (y los buitres) no tienen sentido del olfato. (Esto es ciertamente conveniente si gran parte de su dieta consiste en carne podrida, pero hace que sea más difícil encontrar animales muertos)

 (he de decir que  en este punto Finch se limita a repetir lo que algunos comentaristas coetáneos a Maturin, puesto que es bien sabido que la mayor parte de especies de buitres poseen un notable sentido del olfato para detectar su presas muertas a kilómetros de distancia, e incluso las estructuras óseas vestigiales de sus órganos olfativos han servido comparativamente para deducir dicha capacidad en dinosaurios de especies tan ilustres como el Tyranosaurus Rex, aunque sí es cierto que en estudios especializados se suele mencionar que en el cóndor no es tan agudo y que su localización del alimento se debe más a la extraordinaria agudeza de su vista).

Aquí los Cóndores usan su tamaño como su ventaja. Mantienen sus ojos bien abiertos a causa de los buitres americanos, el carroñero más pequeño de las Américas que sí tienen un agudo sentido del olfato.  

(Finch dice literalmente turkey vultures, en referencia al aura gallipavo, buitre americano cabecirrojo o urubú de cabeza roja -Cathartes aura-), mencionado como ejemplo de animal de extraordinario olfato por el Dr. Robert Burke en la ficción de "El Mundo Perdido" de Steven Spielberg y Michael Chrichton,
sin duda una caricatura (interpretada por el actor Thomas F. Duffy) del popular Robert Bakker.
Bakker encarna en su tiempo la estampa del naturalista de campo, del científico que ha de conjeturar y especular pero que también ha de llevar una vida aventurera o al menos en contacto con la naturaleza y sus vestigios vivos o fósiles.

Burke/Bakker representa al paleontólogo que no renuncia a su condición de biólogo que ha de observar no sólo los restos fósiles, sino los rasgos físicos, hábitos alimenticios y comportamiento de los animales que viven en la actualidad, por lo que justifica la elección de Alan Grant, el protagonista de la primera parte de la saga, también inspirado en Bakker, como personaje digno de asesorar una expedición que se acaba convirtiendo en un auténtico safari prehistórico.

El propio Bakker es émulo en cierta manera de los naturalistas-divulgadores inspirados por Alfred Brehm y tantos otros hombres duros y jactanciosos en nombre de la exploración científica. En la película de Spielberg, el personaje es irónicamente devorado por un Tyranosaurio, redimiendo de algún modo la ausencia de riesgo de aquellos que investigan animales extintos precisamente por haberlos devuelto a la vida, pero la ironía es doble si tenemos en cuenta que el arma principal de los paleontólogos reside en sus conocimientos de anatomía comparada y el personaje abandona su rincón de seguridad en medio de los aspavientos provocados por el miedo a una serpiente venenosa, una coral, que se le cuela en el interior de la camisa. 

En una narración llena de chascarrillos urdidos por y para naturalistas, utilizar una falsa coral (una inofensiva lampropeltis, famosa por su impostura de la mortífera serpiente coral) deja de ser una simple argucia cinematográfica y se convierte en un terrible y garrafal error por parte del especialista, que es castigado por un mito viviente de su disciplina de estudio.


Aparte de este apunte al buitre americano por parte de naturalistas de ficción basados en personajes reales, podemos encontrar una mención al cóndor en el primer libro de la saga jurásica de Crichton que también aparece en su versión cinematográfica. John Hammond, el visionario millonario responsable del parque jurásico, en medio de una discusión de sobremesa que caricatruiza los debates televisivos y mesas redondas de los congresos científicos, reivindica la validez ética del proyecto argumentando que nadie pondría objeción alguna en clonar genéticamente al cóndor para paliar su extinción. En este sentido, escoger a la mayor de las aves rapaces actuales no constituye una elección casual, dado que la idea de la permanencia evolutiva del linaje de los dinosaurios en las aves actuales es uno de los argumentos actualmente más asumidos pero en su día, a finales del siglo pasado, más llamativos y sorprendentes. De ahí que tanto en los libros de Chricton como en las películas homónimas de Spielberg, las aves tengan una presencia icónicamente fundamental. Al final de Parque Jurásico, Grant contempla el vuelo de los pelícanos, cuya silueta emula la de los extintos pterosaurios. El plano final de El Mundo Perdio está dedicado precisamente a un pterosaurio que se posa en una rama, recurso que se repite al final de la tercera entrega emulando el final de la primera, sustituyendo los pelícanos volando en libertad por los enormes pterodáctilos que huyen de su encierro insular (este final es homenajeado en la más reciente Jurassik World).

Continuamos con la visita guiada de Wanda Finch por el Museo de Historia Natural en relación a las historias literarias alrededor del Dr Maturin y nos encontramos un apunte certero e inteligente que nos hace congraciarnos todavía más con esta divulgadora vocacional:

Si los cóndores avistan a los buitres que los rodean, los seguirán, y cuando lleguen a la carcasa, obligarán a los buitres a esperar mientras los cóndores más grandes se alimentan primero. Esto es a veces una ventaja para también para los buitres también. Si la carcasa es grande, el buitre más pequeño no podría atravesar la pielpor sí solo, y conseguirá más para comer incluso después de que el cóndor hecho con el cuerpo comido su contenido. El tamaño del cóndor también les permite intimidar a los depredadores más pequeños y robar sus capturas, como el propio doctor observó. Los cóndores también se hacen con los huevos y crías de otras aves, que pueden ser presas fáciles. Ahora llegamos a uno de los grandes "qué pasaría si" en la literatura y la ciencia. El guía mostró al doctor un sitio de anidación de un cóndor en la cima de un acantilado. El doctor quería subir y examinar el nido, pero el guía se negó. Se había hecho demasiado tarde y sería peligroso intentar bajar en la oscuridad. Veinticinco años más tarde, en la década de 1830, otro naturalista aficionado viajaba por los Andes. También fue incapaz de mirar en el nido de un Cóndor de primera mano y optó por utilizar la información de su guía acerca de que los cóndores ponen dos huevos al año. Si el doctor Maturin hubiese podido observar e informar a la Royal Society, habría registrado correctamente que los cóndores ponen un huevo cada dos años, y Charles Darwin se habría ahorrado uno de los pocos errores que publicó.

Una de las argucias literarias más inteligentes por parte de Patrick O'Brian es sembrar las narraciones protagonizadas por Stephen Maturin de momentos decisivos en los que su perspicacia podría haber supuesto un adelanto científico considerable. Es un truco relativamente fácil en la ficción histórica, una vez que el escritor posee información privilegiada al realizar su particular viaje al pasado sabiendo qué sabían y qué ignoraban sus protagonistas acerca de los avances científicos. La saga literaria de Aubrey-Maturin está plagada de momentos similares. En la película de Peter Weir, Master and Commander, el director y los guionistas elaboran un complejo compendio de todos los libros. Muchos aspectos de la saga no tienen espacio suficiente en el metraje. Son significativas las escenas descartadas que inciden en diferentes aspectos de la vida cotidiana en el barco (el timonel Barret Bonden aprende a leer con ayuda de Maturin y ojea un tratado publicado por el doctor; en otra escena Aubrey nada en altamar por puro divertimento -un rasgo característico del personaje- y para  supervisar el estado de las zonas no visibles del casco; observamos también en otra secuencia los momentos de ocio y de cuidado de los animales que viven a bordo, e incluso se ha eliminado uno de los impagables momentos en que William Mowet recita uno de sus poemas navales).
La película ignora las actividades de Maturin como espía y agente secreto, pero hace hincapié en su curiosidad científica y su capacidad como investigador y divulgador, como clasificador de especies e incluso como instructor de naturalistas en ciernes.

Uno de los logros de los guionistas es la creación del personaje del guardiamarina Lord Blakeney, apenas un nombre anecdótico en la saga literaria y que en el film se nutre de rasgos pertenecientes a diferentes personajes de la saga, pero al que se atribuye, además de gallardía e inteligencia militar, pese a su tierna edad, una notable curiosidad naturalista y talento para el dibujo (en este sentido constituye una especie de vástago imaginario de la pareja protagonista con lo mejor de ambos). En su condición de aristócrata, no resulta especialmente extraordinaria su condición de naturalista aficionado, dado que era uno de los recursos mejor vistos para combatir el aburrimiento de la clase ociosa y que además constiuía una parte importante de su formación: la práctica de las artes fráficas y pictóricas y la lectura de caras ediciones ilustradas de libros de historia natural. No era raro que ambas aficiones, las artes y la zoología, fueran de la mano, y el carácter instrumental del dibujo como herramienta del científico dignificaba y renovaba su importancia.


    La avutarda  
En el comienzo de La patente de corso (The Letter of Marque), el Doctor corría a través del país a pie para unirse al Capitán para el comienzo de un viaje. Mientras caminaba, se encontró con un compañero naturalista amateur que le dijo que unas avutardas (Otis tardus aver, macho de 15 a 22 kg, hembras de 5 kg.) anidaban en un claro cercano. El doctor no pudo resistir, y su demora le hizo perder el embarque. El doctor Maturin se disculpó con el capitán Aubrey por su "grosera autocomplacencia en las avutardas". A pesar del fracaso de la cortesía naval, creo que el Doctor tenía razón al tomarse un tiempo para observar a los pájaros. Las avutardas estaban desapareciendo rápidamente de Inglaterra, y en otros 25 años se habrían ido.  (...)

Creo que sin duda la importancia de la avutarda radica en su interés cinegético, al tratarse de una pieza lo suficientemente robusta como para prorcionar una buena cantidad de carne a la vez que constituye una pieza vistosa (más en el caso de los machos con sus llamativos "bigotes") además de escasa, a causa, precisamente, de ser tan buscada por los cazadores. Ya hemos comentado hasta qué punto la escasez revaloriza una especie determinada hasta convertirla en una joya natural cuyo valor económico o meramente coleccionista aumenta cuanto más se acerca su extinción, siendo los rinocerontes de cualquier especie el más triste ejemplo de ello.


Y no permiten que humanos se acerquen a sus nidos a menos de 100 metros. Cuando la población de Inglaterra creció, y más y más tierra fue tomada para los seres humanos y su uso, no había espacio para la gran avutarda. Probablemente podrán adivinar por su tamaño y sus largas patas que son voladores discretos y muy buenos corredores. También su tamaño sugiere que no pueden ser demasiado exigentes con su dieta. Y de hecho comen casi todo lo que pueden obtener: semillas, brotes, insectos y pequeños vertebrados. Actualmente están en peligro de extinción y lo que queda de su área de distribución está en las partes menos pobladas de Asia central. Lo que vieron, tanto el Capitán como el Doctor, eran aves inglesas en Inglaterra. 

En el siguiente apartado, Finch hace hincapié en uno de los apartados más interesantes de la ficción histórica de O'Brian. El autor dedica tiempo y recursos abundantes, mediante pretextos argumentales, para ilustrar la política agraria inglesa de la época de Jack Aubrey para recordarnos que gran parte de lo que consideramos parajes naturales son el resultado de  la acción humana, sea por intereses agrarios, pecuarios o cinegéticos, y que por tanto incluso el mundo natural es en gran medida fruto del artificio

 
    El nuevo bosque

Este diorama muestra el Nuevo Bosque en el sur de Inglaterra. Está a unas veinticinco millas de la casa del capitán en Ashgrove Cottage. Aquí podemos ver muchas de las aves que el capitán y el doctor disfrutaron observando. Hay un chotacabras (nightjar,Caprimulgus europaeus, del mismo tamaño que la abubilla - el pájaro casi invisible con el indicador rojo del laser en él en la mitad derecha de la imagen). Gracias al chotacabras pueden comprobar el buen camuflaje necesario para un pájaro que duerme en la tierra durante el día, y caza insectos en la noche. Pero, en realidad, de lo que quiero hablar es de las plantas. Durante la conversación de su primera cena juntos, el doctor le dijo al capitán que su único trabajo publicado era uno de las fanerógamas de la alta Ossory. Muchos de ustedes, estoy segura, lo han comprendido de inmediato, pero tuve que buscarlo y descubrir que la alta Ossory es una región de Irlanda cerca de Kilkenny, y que fanerógamas y criptógamas dos divisiones Lineanas de las plantas. Linneo no sólo describió y nombró plantas y animales. También fijó categorías más grandes para la clasificación. fanerógamas son aquellas plantas con órganos sexuales visibles (flores) y criptógamas son todas las demás, es decir plantas con órganos sexuales ocultos. Criptógamas por lo tanto, incluyen helechos, musgos, coníferas y grupos que no consideramos plantas en absoluto como hongos, líquenes y quelpo. Esa es una de las cosas emocionantes de la ciencia y la comunidad científica. Es una comunidad: gente trabajando en grupo en un esfuerzo por entender el mundo natural. A pesar de que una gran mente como Linnaeus propuso la clasificación de las plantas, a medida que se hacían más investigaciones, esas clasificaciones ya no servían y fueron reemplazadas por una terminología más útil. En este ambiente abierto y constantemente cuestionado, las contribuciones de todos son importantes, y los aficionados como el doctor Maturin fueron respetados y valorados. 
Por supuesto, el médico vio otras criaturas además de aves en sus viajes. Hay más de 4000 especies de mamíferos en la tierra, y sólo 350 primates, pero el Doctor parecía haber encontrado la mayor parte de ellos. Vayamos al Salón de Primates y echemos un vistazo a algunos de ellos.

(continúa en la próxima entrada)



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